Los abuelos Rolls-Royce

Bendita Madre · Miércoles, 02 de noviembre de 2016

Hay algunas canciones de mi infancia que sigo recordando. Sus letras lo dicen todo de los abuelos… y un poco de mí, pues quien pertenezca a mi generación puede adivinar fácilmente mi edad.

“Abuelito dime tú”, de la caricatura de Heidi, además de “Di por qué” y “El ropero” de Cri-Crí (Francisco Gabilondo Soler) eran las canciones para acordarme de mis abuelos porque expresan un gran amor y respeto por ellos. En las tres, la voz de un niño busca respuestas y cree, como yo de pequeña, que los abuelos lo saben todo y tienen la solución a los problemas.

Heidi interrogaba a su abuelo para saber por qué ella era tan feliz; también le prometía nunca alejarse de él. Así, como los niños de las canciones de Cri-Crí, acosábamos a nuestras abuelitas con todo tipo de preguntas, pidiendo que por favor nos enseñaran los secretos guardados en el ropero y prometiendo que a cambio nos portaríamos bien, sin tocar lo que sacaran. De pequeños, mirábamos a nuestros abuelos y estábamos atentos a sus historias con una curiosidad insaciable.

Ahora mis hijos tienen abuelos muy distintos a los míos; ya no son viejitos que lloran “a ratos” al ver “tantos retratos”; ya ni siquiera tienen roperos para guardar secretos bajo llave. Las abuelas de mis hijos tienen la paciencia justa para aguantar inactivas el tiempo de secado del esmalte de uñas, pues quieren seguir trabajando y manejar un Mustang color rojo cuando sobra tiempo; ellas solo dicen “de esto me encargo yo” y ellos siguen escuchando canciones donde la voz de Mick Jagger es tan fresca como siempre. Han rocanrroleado más que él, cambiado pañales y hecho circo, maroma y teatro; además, se mantienen al día sobre los acontecimientos mundiales o familiares, y usan todo lo que empieza con la letra “i”, desde el celular hasta las memorias con audífonos para escuchar música.

Mi madre y mi brujasuegra presumen a sus nietos cuando la gente les pregunta cuántos tienen, y en ese momento brillan sus ojos con un poder mágico abuelesco que las hace verse felices y hasta más jóvenes.

Mi abuela me amaba incondicionalmente solamente porque yo era su nieta; a ella se le iban sumando los años con cada uno de nosotros. Así fue para mí, al menos.

Al parecer llegar a ser abuela en tiempos de ” yo lo hago mejor que mi mamá” es un reto. Las estadísticas no mienten, la pirámide poblacional lo dice.

Mis hijos no saben lo que es tener unos abuelos con el pelo blanco o que usan bastón, y aunque no conozcan la canción de Heidi ni las de Cri-Crí, saben que sus abuelos están llenos de soluciones en toda ocasión y conocen el gran poder abuelesco donde los nietos no necesitan resolver problemas familiares ni plantear preguntas todo el tiempo.

Mis abuelos siguen siendo mi consuelo. Durante mi primer embarazo, en las noches en las que sentía miedo sostenía pláticas imaginarias con alguna de mis abuelas. Esto me tranquilizaba: ellas son mis guías.

Estas cosas y más han hecho mis abuelos por mí. No sé ni tengo una idea de lo que harán los abuelos de mis hijos, porque son el Rolls-Royce de nuestros tiempos… y la vida sigue. ¿Cómo seré cuando sea abuela?

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