mamá, ¿estás enojada?

Bendita Madre · Miércoles, 14 de junio de 2017

Esto no me puede estar pasando a mi… donde un segundo a otro me quedara sin la chica que me ayuda en casa, con la cocina cual zona de desastre, el cesto de ropa que ya no se sabe si la escupe o se desborda, la rutina tambaleándose; en resumen en un instante “todo se derrumbó”. Si tienes hijos, sabes a que me refiero cuando va marchando todo sobre ruedas; así sin más comienzan los malabares y los sacrificios humanos.

Claro que el viernes que sucedió todo esto, en ningún momento pensé: Qué maravilla, amo mi vida, seguramente todo ira marchando nuevamente más sencillo. Inmediatamente vi la torre de platos por lavar y al mismo tiempo las camas sin tender, llevar a los niños al colegio y me intimido tanto hasta sentir frio y enojo.

¡Ay!… el enojo, este sentimiento que no es exclusivo de las madres pero que sí nos acompaña un sin fin de veces al día. Entonces cuando ese viernes maravilloso entró por la puerta de mi cabeza este Señor desafiante, no te queda más remedio que decirle:

“Hola Don Enojo, tanto tiempo sin verle ¿a que ha venido ahora?, ¿será que viene a darme una prueba más? Digo, no es que quiera ser grosera pero, no quisiera ir a visitar a alguien más o será tal vez que soy su preferida y le ha encantado nuestra relación que soy tan afortunada de que me eligiera entre tantas. Vamos, está bien no saldré corriendo siéntese y vea de que estoy hecha, vea cuanto, según yo, he  aprendido de usted tanto que muchas de mis acciones actúan desde ahí, con usted.

Así que deje le platico que voy a hacer esta vez, ¿se acuerda que cada vez que viene, yo le quiero enseñar a usted que es estar enojado? …pues me parece que es muy ridículo ser yo su profesora. Entonces aquí me tiene.

Como ya sabe tengo cierta manía con la limpieza, es complicado teniendo hijos que como niños que son se ensucian y lo hacen de maravilla, así que sabe que voy a hacer con usted:  NADA.

Solo lo voy a mirar y usted por supuesto me mirara, me dará el tiempo suficiente para saber el motivo de su visita. Y como ya me conoce lo suficiente, sabe que primero creeré que será sencilla su visita , después lo querré echar de mi cabeza, y como no se marchará comenzare a llorar y no querré mirarle, cosa que hará que me enoje aun más…hasta que finalmente me mantenga nuevamente solo a mirarlo.

Solo hay que mirarlo, no hace falta darle la media vuelta, porque el volverá hasta que le mires.

El enojo nos da una fuerza desbordante para entrar en acción, es decir, cuando veo todo este desorden en mi casa yo empiezo con algo así muy conocido a decirles a todos mis hijos (menos el de atrás): “oigan niños, a ustedes les gusta estar viendo la tele con todo tirado, la comida en el suelo, es que no entienden que los juguetes deben ir en su lugar (al mismo tiempo yo llevo un trapo y comienzo a limpiar), y me vuelvo invisible” de verdad me siento tan pero taaaan molesta que así de enojada termino en un santiamén hasta de lavar la ropa.

Después este mismo enojo se adhiere y se queda a flor de piel, así que ni se acerque el padre a decirme yo no sé qué …yo solo veo que ha dejado un plato  más en el sillón de la sala y aquí una empieza a llenar espacios vacíos para calificarle como por ejemplo:

El papá_______dejó un plato sucio en el sillón. En ese espacio en blanco yo pongo una palabra, de esas que ya nos conocemos, entonces esa palabrita la afirmamos nosotras sobre él, y ellos ni se enteran. Lo mismo aplica para los hijos solo que aquí es nuestra evaluación, por ejemplo: mis queridísimos hijos dejan los juguetes donde les da la mismísima gana porque yo soy una mamá________(casi siempre es una palabra poco favorecedora)

Así como muchas más situaciones este enojo de pronto ya ha desempacando  sus maletas se ha puesto cómodo y no hay poder humano para sacarlo y si nos faltaba más,  ya se ha traido a vivir a su amiga la frustración desde días atrás y uno ni en cuenta. Solo creías estar MAS enojada y no!, mas bien  es una combinación de enojo con haber olvidado donde dejaste las llaves de coche y tenerlas justo en la mano.

Cuando llega la frustración llega la solución.

Estos espacios en blanco que hemos llenado hacia el otro calificándole y evaluándonos a nosotras mismas, tan solo son las pistas para la solución.

Este enojo lo conocemos desde mucho tiempo atrás, tanto que nos ha conocido tal vez siendo niñas y le dimos la vuelta, nos enojamos y lo tragamos. Solo que ahora ya no tenemos tantos años como una palma de la mano. Hoy tenemos niños que tal vez tengan esa edad. Hoy sabemos desde hace cuánto y que sucedió para que cuando le veamos quisiéramos gritarle de miedo y enojo al enojo mismo: vete!!!.

Hoy,  aún sigue aquí conmigo, he visto junto a él la película donde nos conocimos por primera vez, he podido mirar cuan enojada estoy y no es que seamos grandes amigos pero al mírale lloro un poquito por saber lo mucho que me ha enseñado, lo tanto que he tardado en poderle abrazar para poder así despedirnos, sabiendo que otro día nos volveremos a ver, solo que ahora ya no le tengo miedo.

Y reconociendo mi enojo puedo ahora reconocer otro sentimiento del que también estoy hecha. Mientras tanto te digo a ti que estas enojada: ¡basta ya! , no más sacrificios, ni atentemos contra  nosotras mismas. Sé que puedes lavar la torre de platos, lavar la ropa, planchar, prepararla comida, mantener económicamente, salir a trabajar, y hacer los pasteles mas ricos, mientras podas el pasto…sin embargo pedir ayuda es de valientes.

Como de valientes es amar, también  llenar los espacios en blanco con cualidades, porque el plato sucio ya sabemos que está ahí, lo que hay que detenerse a mirar es lo que él limpia sin necesidad de un trapo, por ejemplo:

El papá paciente se da cuenta que nuestro hijo mayor esta nervioso por mañana tener una presentación musical.

El papá mira donde yo necesito detenerme a mirar y eso que él hace lo agradezco. Ellos están para con los niños de otra manera, ellos son padres y nosotras madres.

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