Te presté todo mi amor… y más

Bendita Madre · Lunes, 14 de noviembre de 2016

Cuatro veces he prestado todo lo que soy; son cuatro milagros de ser madre cuatro veces.

¿Y el amor? ¿Dónde queda el padre? Nosotras merecemos un altar por hijo , ¿o me equivoco? Pero, ¿cuándo nos toca recibir nuestra recompensa? ¿En qué momento se interrumpe el amor? ¿Por qué cuando llegan los hijos el amor se tambalea?

La maternidad tiene una humildad, pero a veces nos impresiona tanto su grandeza que eclipsa todo lo demás. Nuestra arrogancia va creciendo y, como una enredadera, nos atrapa mientras la vamos alimentando. Creyendo que no necesitamos al padre, ni para ponernos de pie.

El padre vive un reto donde se convierte en un observador.

Con este papá de mis cuatro hijos he sentido recientemente algo de esto: el amor se tambaleó. Lo normal, común, tranquilo… un puñado de malentendidos que se encadenaban unos con otros, y así sucesivamente, hasta recordar el dolorosísimo momento que fue el habernos conocido, la suerte trágica que ha sufrido al conocerme… (es broma, por si alguien va y le cuenta. el malentendido fue enserio). Él me ha visto ganar y perder peso, llorar y decidir no tener más hijos; me ha visto desnuda cuando ellos nacieron, cubierta solamente por emociones difíciles de comprender e imposibles de explicar; me ha mirado a su lado derrotada, cansada, agobiada; me ha visto ponerme de pie después de una cesárea.

Él, haciendo nada, acaba haciéndolo todo: cuatro veces ha estado ahí acompañándome siempre. ¿Parece fácil, no? Decir: “solo acompañando”. Aparentemente, somos nosotras las que hacemos todo.

Si viviéramos la maternidad con humildad, podríamos sencillamente agradecer a los hombres también, aunque ellos “no hagan nada”. Agradecer que solo así permiten que nosotras hagamos lo nuestro. Y abrazar nuestra lado mas débil.

El amor se aclara cuando agradeces: “Gracias por acompañarme, por no hacer nada, y con eso ya hacerlo todo. Gracias por mirar con todo tu amor cómo he prestado el mío cuatro veces; gracias por no esperar nada a cambio; gracias por irte cuando sabías que mi enojo iba a caer sobre ti, y luego regresar; gracias porque nuestros caminos se juntaron y se mantienen así, integrado por cuatro hijos, y, sobre todo, gracias por seguir caminando junto a mí, así con malentendidos ,equilibrio y desequilibrio ”.

¿Todavía sigo pensando que yo lo he hecho todo?

Después de pasar las que pasamos, ¿por qué deberíamos agradecerles a los hombres? La respuesta es sencilla, al menos para mí: porque no hay maternidad sin padre.

La maternidad es una bendición cuando logramos decirle “gracias”. Gracias por contribuir a que una vida surgiera. Solamente gracias a un inmenso amor tuyo y mío, permaneceremos unidos para el resto de nuestras vidas y de las de nuestros hijos.

Y si… la maternidad es para toda la vida, ¿el padre también? Sin padre no hay maternidad; entonces, hay que sacar una ecuación de estas de lógica que te enseñan en preparatoria.

Ahora que lo veo así, ser madre es una misión distinta, donde la gestación parece “cosa de niños”, literal y metafóricamente. Lo que fue en el embarazo evolucionó a una nueva misión, y para asumirla se requiere al padre en nuestro corazón con un puñado de humildad.

¡Mamá comparte tus comentarios, ideas o experiencias!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.